Sin duda alguna la mayoría estaremos de acuerdo en que la actividad que realizamos esta semana de consultar y buscar en internet recursos que nos ayuden a mediar el aprendizaje de nuestra disciplina y el registro de la información en la plantilla aunque ha sido un poco laboriosa ha resultado muy enriquecedora, ayudándonos a ampliar nuestra percepción sobre lo que tenemos que hacer para poder enseñar nuestra asignatura.
En base a la información analizada y contestando la pregunta sobre qué tenemos que hacer para enseñar conforme a las particularidades de la asignatura o del área de conocimiento a la que pertenece nuestra materia, mis conclusiones son las siguientes:
La educación básica y media debe tener como propósito que los estudiantes alcancen las “competencias matemáticas” necesarias para comprender, utilizar, aplicar y comunicar conceptos y procedimientos matemáticos. Que puedan a través de la exploración, abstracción, clasificación, medición y estimación, llegar a resultados que les permitan comunicarse y hacer interpretaciones y representaciones; es decir, descubrir que las matemáticas si están relacionadas con la vida y con las situaciones que los rodean, más allá de las paredes de la escuela.
Para enseñar matemáticas, primeramente debemos motivar a nuestros alumnos para que ellos deseen aprender. Si no existe este deseo, no habrá un aprendizaje significativo. Por esto es importante que tengamos confianza y mostremos alegría de trabajar la matemática con nuestros alumnos. Es recomendable presentar a los alumnos siempre el objetivo general de la clase para que ellos comprendan su importancia y cómo se relaciona con otros temas. Al finalizar el trabajo siempre es conveniente hacer un resumen de los puntos sobresalientes, lo cual a la vez nos servirá como base para las lecciones posteriores.
Los profesores debemos concebir las matemáticas más como "una forma de pensar" que como "una forma de hacer", el reto para nosotros como formadores de una disciplina es lograr que nuestros alumnos desarrollen habilidades de pensamiento y el uso de herramientas que les permitan resolver problemas de su vida cotidiana y, sobre todo, les motiven la curiosidad innata que cada uno de nuestros jóvenes tiene por descubrir y explicar el mundo que les rodea.
Necesitamos utilizar estrategias que permitan desarrollar en los alumnos las capacidades para percibir, comprender, asociar, analizar e interpretar los conocimientos adquiridos para enfrentar su entorno, dándoles una orientación general sobre la matemática, proporcionándoles los métodos de razonamiento básico que les permitan afianzar sus conocimientos, ofreciéndoles experiencias que estimulen su curiosidad y construyan confianza en la investigación, la solución de problemas y la comunicación. Debemos alentar a los estudiantes a formular y resolver problemas relacionados con su entorno para que puedan ver estructuras matemáticas en cada aspecto de sus vidas.
Es importante considerar que el conocimiento matemático no es algo totalmente acabado sino en plena creación, que más que conceptos que se aprenden existen estructuras conceptuales que se amplían y enriquecen a lo largo de toda la vida, entonces ya no bastará con la exposición. Habrá que hacer partícipe a los alumnos del propio aprendizaje. Y sólo hay una forma de hacer partícipe a los alumnos: dándole un significado a todo lo que se enseña. Permitir que los alumnos participen en la construcción del conocimiento es tan importante a más que exponerlo. Hay que convencer a los estudiantes que la matemática es interesante y no sólo un juego para los más dotados. Por lo tanto, los problemas y la teoría deben mostrarse a los estudiantes como relevante y llena de significado.
El estudiante debe entender que las matemáticas hacen sentido, que no son simplemente un conjunto de reglas y procedimientos que se deben memorizar. Por ese motivo necesitan experiencias en las que puedan explicar, justificar y refinar su propio pensamiento, no limitarse a repetir lo que dice un libro de texto. Necesitan plantear y justificar sus propias conjeturas aplicando varios procesos de razonamiento y extrayendo conclusiones lógicas. Los estudiantes deben tener una buena cantidad de experiencias para poder desarrollar un sentido intuitivo de números y operaciones; una forma de “sentir” lo que está ocurriendo en las distintas situaciones en las que se podrían utilizar varias operaciones.
No debemos olvidar la importancia de dar a los alumnos oportunidades para realizar trabajo reflexivo y colaborativo con otros y reconocer que el profesor no es el único que conoce y transmite el conocimiento.
Finalmente quiero recalcar la necesidad de incorporar y utilizar las herramientas tecnológicas como mediadoras en este proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que nos ofrecen a los maestros de Matemáticas la oportunidad de crear ambientes de aprendizaje enriquecidos para que los estudiantes perciban las Matemáticas como una ciencia experimental y un proceso exploratorio significativo dentro de su formación.